| Bienvenido
a la Escuela Bíblica Mundial |
||||
| Directorio de congregaciones | ||||
|
Ofreciéndole estudios bíblicos
por medio de correo normal o electrónico |
||||
|
LA INJUSTICIA Soy profesora de español en un colegio aquí en el norte de los Estados Unidos. Como los jóvenes de todas partes del mundo, mis estudiantes se quejan mucho. Una de sus frases favoritas es "¡No es justo!" Durante mis años de enseñar, he aprendido mucho de lo que les parece injusto: No es justo que los exámenes sean tan difíciles ni los profesores tan insensibles. No es justo que sus padres quieran saber de sus notas. Sobre todo no les parece justo que sus acciones a veces les brinden dificultades; las consecuencias siempre son más exigentes que las acciones merecen. ¿Y qué les puedo decir yo de la injusticia? No quiero que a su edad ya sepan del sufrimiento de los quienes, por ninguna razón evidente, han sufrido grandes heridos del cuerpo y del corazón. Ni siquiera deseo contarles a mis estudiantes jóvenes nada de las dificultades con las cuales nos hemos enfrentado yo y mi esposo en cuanto a la infertilidad. Nada del dolor de saber a los treinta y un años que nunca daré luz a mi propio hijo. Hay muchas mujeres en la misma condición, pero a mi no me parece justo encontrarme sin esperanza a esta edad tan joven ni haber experimentado tantos remedios sin éxito y por fin perder la batalla contra la enfermedad. Dios mediante, mi mejor amiga dará luz a su primer niño dentro de tres semanas, y otra amiga mía acaba de hacer lo mismo. La esposa de mi hermano menor acaba de anunciar su embarazo también. Ellas me han demostrado mucha compasión durante los meses de su embarazo, pero al principio me era muy difícil regocijar con ellas. Algo muy adentro de una mujer grita contra la injusticia de no sentirse igual de todas las demás, de no poder llevar a cabo todo lo que desea, todo lo que debe ser. El alma quiere gritar "¡No es justo!" Las quejas de mis estudiantes me dejan frío. No es que son egoístas, sólo que no han visto la injusticia verdadera: No es justo que muchos mueran por causa de la hambre. No es justo que muchos no tengan nunca la oportunidad de estudiar ni aún de leer. No es justo que muchos pierdan sus hijos, sus padres, o sus hermanos a la guerra, el desastre, o el divorcio. No es justo que algunos ganen y gasten tanto dinero mientras otros no tienen nada. ¿Dónde estará Dios en un mundo como éste? ¿Para qué existe tanta injusticia? Pero al pensar así, he olvidado que Cristo ha sufrido la mayor injusticia de todas. ¿Qué podría sufrir yo que compare con la injusticia de morir por los pecados de otros cuando Él mismo nunca había pecado ni una vez? "Aunque Cristo no tenía ningún pecado, Dios se hizo cargar con los nuestros para que por medio de Él fuéramos declarados inocentes ante Dios" (2 Corintios 5:21). No es justo que un hombre sin mancha haya muerto por los pecados de todos. "Él sacrificó su vida para quitar nuestros pecados y no sólo los nuestros, sino los de todo el mundo" (1 Juan 2:2). Se murió para que todos los que obedezcan a Dios reciban el perdón por medio de su sacrificio. "Jesús fue entregado a la muerte por nuestros pecados y fue resucitado para que fuéramos aprobados por Dios" (Romanos 4:25). Cristo llevó nuestros pecados mis pecados. No había nada que yo pudiera hacer para librarme del pecado. Por eso Cristo se tomó todos mis pecados, lo más profundamente malo de mi ser. Se hizo todo lo que desprecio que está dentro de mí. Siento la injusticia de que mi Salvador se puso todo lo desagradable en mí para convertirme en algo agradable ante los ojos de Dios. Estuvo despreciado para que yo pudiera ser amada de Dios. Se hizo impureza para santificarme. Se murió aparte de Dios para que yo pudiera tener la vida eterna con Él. Y mi alma grita "¡No es justo!" Padre Dios, perdona la ignorancia de mis quejas, enséñame a recordar el sufrimiento injusto de mi Salvador. Recuérdame que tú ya conoces muy bien lo que sufro, me entiendes hasta la más profundo de mi ser. Confío en tu poder para confortarme en todo, ayudándome a soportar la injusticia casi insignificante de mi vida. Sé que me quieres bendecir, por eso sufrió tu Hijo tanta injusticia. Ayúdame a regocijar en la paz que tengo en Él. Ayúdame a vivir por ti. Que todo el mundo te glorifique al ver el dolor de mi alma convertido en gozo y paz. Para poner al corriente al lector: Mis amigas ya tienen hijos muy bonitos, también mi cuñada dio a luz a una hija preciosa que ya ha cumplido los dieciocho meses. Pero lo mejor de todo es que casi un año después de que escribí estas palabras, Dios nos bendijo con un hijo adoptado. Todo el mundo nos ha dicho que este bebé es el más tranquilo, el más bonito y contento que jamás haya visto. ¡Claro que estamos de acuerdo! El gozo que ahora mostramos al mundo es el de haber cursado una desesperación profunda sin perder la fe. Hemos recibido de Dios aun más de lo que "pedimos o entendemos" (Efesios 3:20). Damos gloria a Dios por esta bendición mas la de habernos mantenido en paz mientras esperamos Su respuesta. |
||||||||||||
|
Webministro: Kristi Bond (c) 2005 World Bible School Internet. Abilene, Texas. USA
|
|||||||||||||